San Francisco de Sales decía: Se cazan más moscan con una gota de miel que con un barril de vinagre.

Esta frase dicha hace tantos años nos ayuda a reflexionar sobre nuestros modos de tratarnos, de ser, de recibir a otros y de recibirnos a nosotros mismos.

Podemos darnos cuenta que no es fácil detenernos ya que vivimos en un mundo que parece correr, y nosotros nos sumamos a esa maratón.

Como docentes es evidente lo mucho que necesitan nuestros alumnos de nuestra mirada y nuestra escucha. Ellos pasan demasiado tiempo frente a las pantallas, o con adultos que miran pantallas y no los miran, y en el aula confluye todo, el deseo de hablar, que los escuchen y sobre todo los miren.

¿Somos capaces de esto? Porque al mismo tiempo queremos que nos escuchen a nosotros, ya sean nuestros alumnos como también nuestros pares.

Y aquí entramos en este espacio de entrega, de dar todo por amor, de tener paciencia y a veces hacer silencio, darle lugar a nuestros niños, habilitar sus palabras, ordenar los momentos en donde quieren hablar todos, escucharlos, pero escucharlos de verdad, desparramar ternura y palabras de amor hacia ellos. Quizá en esto no digamos ninguna frase del Evangelio, pero sin dudas como San Francisco de Sales, estaremos imitando y mostrando a Jesús.

Que sea para Gloria de Dios.

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