Antes de comenzar este encuentro, recordemos que gracias a los milagros que Jesús realizaba, muchas personas pudieron descubrir que Él era el Mesías esperado, el Salvador. Sus palabras y sus obras llenaban de esperanza el corazón de quienes lo encontraban.

Un día, Jesús estaba en una ciudad llamada Jericó. Cuando estaba por salir de allí, ocurrió un encuentro muy especial que hoy vamos a leer en la Palabra de Dios.

Nos ponemos en presencia del Señor.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Lectura del Evangelio según San Marcos

46 Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo –Bartimeo, un mendigo ciego– estaba sentado junto al camino.

47 Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!».

48 Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten piedad de mí!».

49 Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo». Entonces llamaron al ciego y le dijeron: «¡Animo, levántate! El te llama».

50 Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él.

51 Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?. El le respondió: «Maestro, que yo pueda ver».

52 Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.

Palabra del Señor.

Reflexionamos juntos

Este encuentro nos muestra una hermosa señal del amor de Jesús.

Bartimeo era un hombre ciego que estaba al costado del camino. Cuando escuchó que Jesús pasaba, empezó a gritar muy fuerte porque sabía que solo Él podía ayudarlo.

Muchas personas intentaban hacerlo callar. Quizás pensaban que molestaba o que Jesús tenía cosas más importantes para hacer.

Pero Jesús no pensaba eso.

Jesús se detuvo, lo llamó y escuchó lo que Bartimeo necesitaba. Para Jesús nadie es una molestia. Al contrario, cada persona es importante y valiosa, especialmente quien necesita ayuda.

Además, Bartimeo tenía algo muy grande: confiaba en Jesús. Aunque no podía verlo con sus ojos, lo veía con el corazón. Creía que Jesús podía cambiar su vida.

A nosotros también nos pasa algo parecido.

¿Cuántas veces le hablamos a Jesús?

“Jesús, ayudame porque tengo una prueba.”

“Jesús, mi mamá está enferma. Por favor, cuidala.”

“Señor, ayudá a mi familia.”

“Jesús, tengo miedo. Quedate conmigo.”

Y aunque a veces pensemos que le pedimos muchas cosas, para Jesús nunca somos una molestia. Él siempre nos escucha porque nos ama y quiere que confiemos en Él.

Así como Bartimeo levantó su voz con fe, nosotros también podemos hablar con Jesús todos los días.

Actividad

Fecha

Título: Jesús, como Bartimeo, creemos en Vos.

  1. Dibujá unos lentes. Pueden ser del tamaño que quieras, pero hacelos bastante grandes para poder escribir adentro. Yo elegí unos con forma de corazón porque me recuerdan al gran amor de Jesús, pero vos podés hacer los que más te gusten.
  2. En un lente, escribí con tu color favorito las cosas con las que le demostrás a Jesús que confiás en Él.

Por ejemplo:

  • Cuando lo saludo al despertarme.
  • Cuando rezo por mi familia.
  • Cuando le doy gracias.
  • Cuando le pido que cuide a mis seres queridos.
  1. En el otro lente, escribí con el color que menos te guste las actitudes que te pueden alejar de Jesús.

Por ejemplo:

  • Hablar mal de los demás.
  • No compartir.
  • Mentir.
  • Pelear.
  • No perdonar.

Para terminar

Cerramos este encuentro hablándole a Jesús con nuestras propias palabras.

Jesús, gracias porque siempre nos escuchás y nunca somos una molestia para Vos. Ayudanos a confiar como Bartimeo, a buscarte en los momentos difíciles y a seguirte todos los días de nuestra vida. Amén.

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